El martillo y el escudo (Cartaceo, spagnolo)
Roma puede ganar cualquier batalla en tierra. El mar pertenece a Cartago.
Manio Fabricio no es el romano que cabría esperar. Hijo de senador, entiende los cascos de los barcos mejor que otros entienden la gloria, y un ateniense marcado por la vida le enseñó a preguntar qué quiere el agua antes de alzar contra ella una herramienta. Su padre y su hermano se ahogan frente a Escila: valor, dice la familia. Manio sabe que fue un error, y saberlo lo cambia. Responde inventando un puente con pico de hierro que clava las naves enemigas a las cubiertas romanas y hace del mar un campo de batalla que Roma no puede perder.
Con el puente Roma domina el agua; la columna del Foro nombra al cónsul. La piedra no nombra al hombre que dibujó las naves. Y el artefacto que venció al mar tiene un defecto que solo su creador reconoce: lleva demasiado peso demasiado arriba.
Su esposa guarda bajo llave un arcón de dibujos y una advertencia que Roma no quiso oír. Cuando lleguen las tormentas, ¿a quién recordará Roma? ¿Y qué le costará a ella guardar la verdad?